Poemas. Paranoias. Relatos y Organización

UN AÑO DE CASUALIDAD

Hoy hace un año que la conocí. Un año. La conocí tontamente, de casualidad, en un hostal en  la plaza de armas de Santiago de Chile. Ninguno de los dos estábamos solos. Ella con sus amigas y yo con mi hermana. Salí a fumarme un cigarro y escuché sus acentos extraños. Hablaban con un chileno sobre caños y sobre cómo se les perdieron en Mendoza. Después tomamos cerveza con gente rara de otros países, alemanes, brasileiros y coreanas incluidos en el lote.

 

Solo pudimos hablar al final. Tampoco fue mucho, pero parece que me conoció tdemasiado. Con el tiempo, me dijo que ese día me había puesto algo soberbio.

La vi a los dos días, de casualidad de nuevo, en la terminal de buses de Santiago. Ambos íbamos a Valparaíso a pasar fin de año…y lo pasamos juntos. Más nacionalidades, más rituales, más ganas de disfrutar tdemasiado.

 

Empecé el 2010 corriendo y mirando culos que parecían fuegos artificiales en una vía del tren. La noche larga, degenerada, caótica y llena de caídas. Mi primer contacto serio fue cuando la agarré en mis brazos. Ella quería que la sostuviera. Yo lo hice, pero solo de los pies. Cuando echó su espalda hacia atrás, quité el brazo y levanté el otro para que su cabeza cayera pero no diera en el suelo. Fue la primera vez también que me llamó cabrón. Después bebimos, comimos y nos fuimos a mi hostal. Al abrir mi habitación, había tdemasiados porros, varias chicas, alcohol y ella. Nunca dormí tan feliz en un sofá tan pequeño. La besé...y lo volvería a hacer más veces.

 

Y después llegaron los mails, el enamoramiento, la playa de los artistas, Isla Negra, el terremoto, Antofagasta, San Pedro, Montevideo, el cambio de horario y la vuelta al primer mundo… y tdemasiados escritos y muchas emociones.

Ha sido la mujer de mi vida durante tdemasiados instantes, y los que me quedan. Pero no quería dar tantos detalles de ella, de lo nuestro, de cómo empezó ni quiero ser lambeta, de nuevo. Solo quería agradecerte todos los comentarios en el blog, las llamadas inesperadas y furtivas a las 6 de la mañana y, sobretodo, haberme hecho madurar y ver las cosas de otra manera, haberme dejado quererte.

Aún sigues presente en mí. Sigo pensando que pensarías tú y cómo actuarías en muchos momentos. Sigo inventándome conversaciones contigo, aunque ahora en silencio. Sigues viva en mí. Lo conseguiste, soreta. Además de ser mi musa, dejaste tu marca en mí…y es de las cosas que más orgulloso estoy en mi vida, principesa, de saber que existes.

 

Ah, y de que un día me dijiste que me querías.

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