Poemas. Paranoias. Relatos y Organización

INSTRUCCIONES PARA HABLAR

Partiendo del axioma de que los muditos siempre tuvimos problemas con la comunicación oral y sin entrar a valorar las diversas problemáticas que pueden ser génesis de esta carencia, hoy me explicaré a mi mismo como aprender a hablar de cualquier tema.

 

Es cierto que muchos autores han dedicado extensas investigaciones y líneas a este tema. Sin ir más lejos, Wernicke y Broca, neuropsicólogos que no sabían que lo eran, descubrieron las diversas implicaciones del cerebro con el lenguaje, tanto en su comprensión como en la producción del mismo. Otros autores, por otro lado, fijaron su foco de atención en el beneficio de tener la laringe más abajo que nuestros colegas chimpancés a la hora de ejecutar la acción de hablar y otros, en cambio, se centraron en los contenidos que se transmitían mientras se daba el dulce ritual de la comunicación humana.

 

Este texto, aunque no lo parezca, no está hecho con la intención de que usted lo lea, sino que está enfocado para ser dicho, ya que, como parecerá normal y lógico, unas instrucciones para hablar deberían darse hablando.

 

Para poder hablar de cualquier tema es indispensable tener cuerdas vocales sin traqueotomía, una cara sin parálisis facial total y algo que decir, un mensaje que transmitir. Las dos primeras condiciones son asunto de médicos y logopedas, por lo que no se entrara a mencionar nada. Del mensaje a transmitir, sin embargo, si podemos decir muchas cosas.

 

En primer lugar, las temáticas existentes en el mundo, aunque no lo crea, son mucho más variadas de lo que usted y yo podemos llegar a pensar, ya que no todo el tiempo se tiene que estar hablando de facebook, póker o follar. Hay gente que habla de la Escala de Coma de Glasgow, de conejitos blancos o de la revista Orsai.

 

En segunda instancia, hay que saber ordenar las palabras que se quieren decir y saber a quién se dicen. Esto es una tarea harto compleja ya que muchas veces, una mínima confusión con una persiana puede llegar a convertirse en una confesión a una persona.

 

Después el cerebro da la orden para que el sistema motor comience a pronunciar las letras con la misma organización con la que se ha pensado.

 

Esto es una dificultad muchas veces, ya que por mucho que tengamos pensado lo que queremos decir y cómo lo queremos decir, nos sale otra cosa que no tiene nada que ver. Yo, por ejemplo, en este texto, solo quería enseñarme a hablar para poder decirte a la cara que me encantas, pero, como siempre, me sobrevaloré y al final actúe como el mudito que no se muda que soy. 

 

Por último, la acción de hablar finaliza cuando las palabras salen de la boca y zarpan como barcos a través del viento y llegan a la oreja de la otra persona…antes de que llegue mi boca al lóbulo auricular y te dé un mordisco suave y lujurioso.

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