Poemas. Paranoias. Relatos y Organización

INSTRUCCIONES PARA ESCRIBIR INSTRUCCIONES

Escrito por anonimopalomo 04-02-2011 en General. Comentarios (0)

Para leer este texto, agarren o cojan (según el dialecto del castellano que hablen) papel y lápiz y estén atentos al gran pseudosecreto que desvelan las siguientes palabras al final del texto, las cuales intentarán indagar y divulgar las características principales y las líneas maestras con las que escribir unas instrucciones sobre cualquier asunto y no fallar en el intento.

 

Antes de nada y en primera instancia, el autor de tales instrucciones debe comprobar empíricamente que posee la prepotencia y ausencia de experiencia suficientes para poder hablar de un tema como si se estuviera sentando cátedra, como si ya hubiera contemplado la aparición de todas las probables variables extrañas y posibles alternativas que la realidad presenta en su devenir pero sin tener ni puta idea, como un jugador de ajedrez en mitad de un terremoto, como si viniera de vuelta pero sin moverse del sitio, como si fuera un sabelotodo miedoso que repite argumentos plagiados sin raciocinio por temor e ignorancia.

 

El autor, a excepción de que sea Julio Cortázar o Hernán Casciari u otro que no escriba en este blog, deberá tratar el asunto desde la tolerancia cero a las críticas que puedan surgir y a la originalidad con la que pretenda contribuir el inconsciente. También se recomienda encarecidamente repudiar opiniones cercanas y  tratar al resto de seres humanos con indiferencia e ira si lo que realmente se pretende es creerse que uno puede ir dando por ahí instrucciones como si fuera un Sócrates cualquiera o un opinólogo televisivo.

 

Para comenzar a escribir unas instrucciones, dando igual sobre lo que vayan a ir, el autor del texto debe ponerse de puntillas o sobre una silla para elaborar la redacción mirando por encima del hombro al futuro lector, creyéndose mejor que él y demostrándolo, con la misma imprudencia que los políticos demuestran sus trapicheos, mediante faltas de respeto, infravaloraciones y desprecio.

 

Habituados a la cómoda posición autoritaria, el escriba debe elegir con intranscendente motivo cual es la acción que se registrará en el folio con el que se pretender instruir a los futuros actores del verbo. Ya en el mercado literario se ofrecen temáticas tan variadas como la quema de hormigas en Roma, la masturbación de un hijo ficticio o el prospecto de algún fármaco, todas ellas repletas de ociosidad, imaginación e incandescencia.

 

Se puede innovar si se prefiere, pero cada uno somos parte de nuestras circunstancias y consecuencias, así que tenga cuidado, estimado futuro ex-lector.

 

Elegida la problemática a solucionar, se comienza a escribir un texto inferior a las mil palabras, altamente estructurado, con coherencia y objetivos prefijados, con moraleja, pseudohumor y elegancia, con epítetos concatenados y metáforas certeras e imprevisibles. Después, queda ya poco. Solamente se pone título al texto intentando ser lo más conciso posible debido a la longitud y aridez de la palabra “instrucciones”, se relee y se cuelga en el blog.

 

Luego de comprobar que el escrito queda tal cual queremos colgado en nuestro ególatra blog y deambulando por Internet, comienza otra labor mucho más interesante si cabe que la propia redacción de las instrucciones:

Hacer todo lo  posible para conseguir vivir sin dar ni recibir ningún tipo de instrucciones.

 

http://www.youtube.com/watch?v=9n93COrw3xY PUEDO EMPEZAR, JOSEP MARIA FONOLLOSA

INSTRUCCIONES PARA SECUESTRAR APÁTICAMENTE

Escrito por anonimopalomo 01-02-2011 en General. Comentarios (1)

Ante la manía humana de realizar esfuerzos para conseguir los objetivos soñados en cualquier circunstancia y bajo la notable influencia del ego y de sus deseos de posesión de todo el mundo (objetos inanimados, animales disecados y sin disecar y espíritus de fortalezas antiguas incluidas), me veo en la obligación apática de escribir unas pseudoinstrucciones basadas en la experiencia para secuestrar a personas, ya que lo de secuestrar animales está muy visto por aquí por Jaén y que eso de retener con insistencia algún objeto siempre es ridículo, a excepción de que sea alguna pertenencia de alguna ex pareja a la que aún le tengamos rencor.

 

El tipo de secuestro al que nos referiremos durante todo el texto será al secuestro exprés aunque dure varios días y la motivación por la que se actúa de esta manera denigrante, fascista, indolente y estática no será económica, sexual o política sino por motivación ociosa, por procrastinación si se prefiere, por desgana o automatización ante las responsabilidades, como el cocinero que cuenta las patatas mientras las corta o como el que mira como se encienden los botones del ascensor de la oficina que (como solo creemos que ocurre en España) sube para arriba.

 

Lo primero que se debe buscar es una víctima que sepa ajustarse al rol con compás y apatía, ya que,  salvo en el caso de ciertos padres de familia, es irracional que el secuestrado muestre más interés por alargar el encierro que el propio secuestrador. 

 

Seleccionada la víctima al gusto del futuro delincuente, el siguiente paso es conseguir un medio de transporte que nos permita llevarla al escondrijo confeccionado con las características normales en estos casos: cama incómoda y sucia, cadenas, fustas, tres cubos baratos de distinto color (uno de ellos con agua) para cumplimentar las necesidades básicas humanas y cuatro paredes, un techo, un suelo y una puerta con candado y mirilla desde el exterior.

 

Teniendo eso ya claro en la mente y habiendo rezado un Padrenuestro para que Dios nos confíe su omnipotencia y su silencio, lo recomendable es saberse los horarios en los que la persona anda sola y los lugares por donde suele hacerlo, aunque eso de vigilar durante mucho tiempo es una tarea muy aburrida y, desde la empatía hacia la apatía, es entendible que no siempre se haga. Se puede buscar la ayuda o colaboración de alguien durante el secuestro, pero quizá sea demasiado osado. Cada uno que valore y asuma sus riesgos.

 

En principio, el propio portal de la persona, los aparcamientos de un centro comercial o algún monumento católico son buenos lugares para comenzar con el proceso de secuestrar, el cual debemos iniciar amarrando fuertemente al sujeto con cinta aislante en manos, pies y boca y meterlo en la parte de atrás de un vehículo ya previsto.

 

Es fundamental el haber resuelto a tiempo la necesidad del transporte con algo que no sea ni una patera, un ciclomotor con sidecar o un monociclo de payaso, por aquello de ocultar el delito que intentamos cometer apáticamente. A pesar de todo, si no se puede obtener otro tipo de vehículo, estos también valdrían.

 

Llegados al lugar habilitado para el alojo del singular huésped, al que llamaremos el mudito si el trabajo no se hiciera en solitario, lo que tenemos que hacer es cerrar con llave y observar por la mirilla hasta que nuestra curiosidad se sacie y nos vayamos a ver tranquilamente “Gran Hermano” en nuestro plácido sillón hasta que querramos verla de nuevo... a los cinco minutos.

 

PSEUDOINSTRUCCIONES PARA HACER UN CHUPETÓN

Escrito por anonimopalomo 26-01-2011 en General. Comentarios (0)

Ninguna persona humana mayor de 23 años, por mucho que se considere católica, mojigata o farfollas, ha evitado con el suficiente atino y la imprescindible inocencia el haber trasegado por la vida sin haberse encontrado con un chupetón sexual en alguna parte física de un humano, ya sea por el signo vampírico pasional en nuestro propio cuello reflejado en un espejo, por nuestra labor guarromántica y constante en la yugular del otro o por algún rumor sobre la vecina del sexto b.

Estas instrucciones, desde la humildad y el respeto a la otredad, no pretenden discernir sobre el hedonismo de la situación sino indagar, especificar y/o definir la técnica con la que tendremos los resultados más eficaces a la hora de hacer un chupetón. Hay otro tipo de técnicas, métodos y habilidades en las que otros autores, corrientes literarias o pelícluas snuff profundizaron y deben seguir profundizando para comprobar y refutar, si fuera necesario, los factores implicados en la existencia del chupetón y su origen.

Como la voluntariedad o no en este tipo de beso carnal no se pone nunca en entredicho en voz alta salvo que se haga con la gracia y el desparpajo del cual carezco, nos remitiremos al mero asunto bucal sobre el territorio corporal elegido.

He de aclarar que siempre que se mencione durante el texto la palabra “chupetón” se referirá al caso típico de chupetón en el cuello con un perímetro de tres centímetros a la redonda sin ningún estorbo, nomás que un pequeño lunar quizá, con ese color rojizo con tintes morados (o violetas o púrpuras o lilas…ya se sabe, en estos tiempos en los que las mujeres renombran todo y siguen empeñadas en lavar las zapatillas, uno ya no sabe si han cambiado el nombre y variedad de colores o la camiseta de nuestro equipo de fútbol) y que las abuelas ven, oyen y huelen tal chupetón cuando uno atraviesa el umbral de sus casas para visitarlas sin la protección de alguna bufanda hecha por la anciana que solo te pones ese día para que crea que la usas comúnmente.

No obstante y sin poder obviar la realidad, se han dado casos (según ciertas experiencias cercanas propias y comprobaciones empíricas en algunas universidades del otro lado del Atlántico) en los que el chupetón se ha producido en zonas más remotas como entre los dedos pulgar e índice de la mano izquierda, en un talón, cerca de un pezón peludo o, incluso, que el chupetón comenzará en el sitio exacto del cuello que antes se mencionaba pero que se extienda hasta alcanzar partes cercanas a los pelos de la nariz, del entrecejo o de la pelvis.

Teniendo claras estas premisas y observaciones iniciales, lo importante para ejecutar esta técnica es tener a mano un cuello humano de mujer (en mi caso, y añado: de mujer que me embruje con los ojos y más bajita que yo aunque no por ello más pequeña, pero el lector no tiene porque compartir gustos con el escribidor del texto), y una boca, que por cercanía y pereza, será la mía.

Juntados esos elementos, lo único que se tiene que hacer es cerrar los ojos, besar, chupar, respirar, absorber y dejarse llevar hasta donde el deseo nos arrastre y la noche y la dermatitis nos permitan.

 

Los resultados, sino se entremezclan mucho con nuestras expectativas, serán algo parecido a un chupetón de centrímetro y medio de longitud permanente e inamovible con duración de una semana por mucho tipo de maquillaje que se use, con opción a renovar mensualmente siempre que ambos humanos estén de acuerdo y no haya ningún tipo de venganza personal como la que yo pretendo realizar el jueves de esta semana a base de chupetones por todo el cuerpo.

 

INSTRUCCIONES PARA PASEAR POR LA NOCHE CON UNA PAREJA

Escrito por anonimopalomo 17-01-2011 en General. Comentarios (0)

Obviando el ritual de desplazarse con ambos pies, de explicar el concepto pareja sin que intervengan otros vínculos con seres humanos y que estas pseudoinstrucciones son una necedad más del autor, este tipo de instrucciones no deberían ser empleadas por ninguna persona racional, pero al ser seres humanos y tener la suerte de que el azar aún tiene más poder que las empresas deportivas multinacionales, es posible que nos veamos abordados por las circunstancias a vivir una situación parecida a la siguiente: un vecino va besándose y sobándose por mitad de la calle con una mujer a la que hay que acompañar a la puerta de la casa para, después, acompañarse mutuamente al portal común .

 

De primeras puedes optar por caminar rápido mientras cuentas anécdotas sexuales graciosas para intentar generar una inercia de deseo entre los amantes que saben que va a haber un último beso largo en el portal de ella y confiar en nuestras habilidades sociales y en la originalidad de nuestras historietas plagiadas para que ambos aguanten hasta llegar a la residencia de la fémina. Pero, como el lector ha adivinado mientras leía, esta opción es una estupidez…y más aún en verano, ya que los sujetos que segregan saliva pasional no te van a hacer caso salvo que vayan amarrados con una soga a tu muñeca derecha.

 

Como todo en la vida, el pensamiento crítico e imaginativo se complementan para hacer surgir más alternativas que tampoco son tan eficaces como nos gustaría. Una es adelantarte al lugar donde sepas que se produce la separación de la pareja, ir haciéndote un cigarro de liar y esperar el desenlace exprés de la pasión (solo en caso de que sepamos que el amigo no sube a penetrar a casa de la muchacha, en tal caso deberíamos ir buscando un plan B en algún bar barato y cercano).

 

Otra sería engatusar a cualquier persona humana para que te acompañe durante el trayecto contándole historietas infantiles como la del gitano que hacía trampas al ajedrez o la del sumiso que no quería ir a la misa del gallo. Lo de hablar por teléfono, ir comiendo algo o simplemente deambular más borracho que la parejita son estrategias alternativas previsibles que no carecen de eficacia pero que tampoco merecen una explicación mayor a dos líneas por la popularidad de ellas.

 

No se ha de descartar el uso de locomoción pública o privada para huir de la atracción sexual entre humanos de la que somos excluidos  o, incluso, de promover un incidente en mitad de la calle con el único fin, tras varias paradas, de que la policía nos lleve a nuestra casa con la huella dactilar manchada, pero esta forma de enfrentar las situaciones y circunstancias de la vida no es del todo recomendable... y más cuando ya se tienen antecedentes. 

 

Cuando termina el trío andante (que no andino), debemos saludar con cordialidad y desde lejos a la persona del otro sexo e irnos con nuestro amigo comentando el último acto sexual que se hizo en común antes de la fecha mientras nos prometemos a nosotros mismos que es la última vez que estaremos con parejas furtivas a altas horas de la noche y que es la última noche que nos sentiremos solos en la vida.

 

INSTRUCCIONES PARA HACERLE UN PORRO

Escrito por anonimopalomo 14-01-2011 en General. Comentarios (0)

Dejando al margen los motivos intrínsecos que han llevado al consumo de la droga (ya sean por buscar sensaciones nuevas, por impresionar a una extranjera, por querer ampliar los vínculos con la pareja o por la simple habituación al porro) lo importante para la producción del cigarrillo es el material con el que se realiza y la compañía con la que se fumará.

Para ello, necesitamos una disciplinada serie de objetos que, uniéndose con maña y actitud, nos facilitarán la aspiración toxica que se desea. Es imprescindible tener marihuana, hachís o algún tipo de mierda negra de origen paraguayo, ya que el consumo varía según la región del mundo en la que lo hagamos. En este caso concreto, y debido a la ubicación en el mapamundi, al instante temporal y al nivel socioeconómico y cultural, el porro se constituirá de hachís con un cigarro industrial.  

Teniendo claro que para que el hachís se transforme en humo es necesario tabaco, ya sea picado para liar o en cilindro industrial, lo primero que debemos hacer es partir la parte delantera del cigarro lo suficientemente grande para después usarla como base para no quemarnos los dedos y lo suficientemente pequeña como para tener tabaco para el porro en sí.

Para que aquellos lectores que no son de este conjunto de fumadores extintos y camaleónicos entiendan el contenido de la extensa y reiterante frase anterior, deben comparar la parte delantera del cigarro o “mora” con el primer amor que ya pasó ante sus vidas y del que nunca olvidan las heridas.

 

Es decir, se arranca tal parte del cigarro (cuidado, este ritual solo se lleva a cabo en ciertas partes del sur de Europa…en el resto del mundo suelen usar otro tipo de soporte físico exterior para poder fumar las últimas caladas aunque el objetivo siempre sea no abrasarnos) para que haya una protección física que impida quemarte de nuevo, sabiendo lo que estás inhalando, disfrutando de esas mariposas yonquis por dentro del cuerpo pero sin dejar que se apoderen de todo, drogándote a gusto pero sin pasarse de la raya por miedo a no tener autocontrol, enamorándote tú solo de las oes que se hacen con el humo cuando uno no para de alucinar.

 

Cortado ya el trozo del cigarro industrial, se abre el cigarro y se quema el hachís mestizándolo con el tabaco en un reparto igualitario y humilde. Se debe mezclar despacio, atento a los detalles y a que no se formen grandes conglomerados, intentando mantener a la vez algún tipo de conversación transcendental en la que se termine contradiciéndose a uno mismo, descarrilando por mundos de enanos, espejos y esperanzas o comenzando a marcar el territorio con lindos esputos sin costra.

El siguiente paso del proceso es enrollarlo en un papel de arroz poniendo la anteriormente denominada mora en alguno de los extremos (no tiene porqué coincidir con la ideología del hacedor de canutos si es que aún los efectos de la droga no le han hecho perderla) y el resto de ensalada natural a lo largo del papel. Con un juego de manos de fácil aprendizaje si se repite con interés y en el que la pinza de los dedos oponibles es fundamental, el cigarro estará liado con precisión.

En un ejercicio de ética y sinceridad autoimpuesto, he de decir que hay ciertas variables extrañas que pueden modificar estas instrucciones. Los efectos de la marihuana o del hachís, por poner un ejemplo, no son los mismos. También influyen más de lo que el consumidor habitual quisiera el tipo de tabaco empleado, cómo se consume (en pipa, pipa de agua, papel de celulosa, papel de arroz…), la compañía (no es lo mismo fumar con tu novia que con tu suegro) o el lugar (doy fe de las diferencias entre fumar un porro en la playa o en un baño de algún aeropuerto). A pesar de la existencia de las variables extrañas, los efectos que se debieran notar en el cuerpo son variopintos e innecesarios en estas instrucciones. Si se requiere más información sobre el tema, haga como debería hacer con la política, el kamasutra o la creencia en dios. Juzgue por sí mismo…que ya somos mayorcitos.

 

Por último, solo queda agarrar el caño por la punta opuesta a la mora y sacudirlo un poco para que se prense con naturalidad y eficacia y dárselo a prender a ella para que lo encienda y que, con el humo de la primera calada aún en los pulmones, te dé otro beso que te enamore.