Poemas. Paranoias. Relatos y Organización

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100 PALABRAS (VIII)

Escrito por anonimopalomo 10-12-2010 en General. Comentarios (0)

LO DE MENOS

Lo de hoy es lo de menos, el no poder estar contigo en tu día de cumpleaños. El año pasado te regalé el vestido y el sombrero rojo ¿recuerdas?

Fuimos a cenar a aquel restaurante pequeño que ofrece delicias sibaritas y platos típicos.

Tras salir del restaurante, tomamos un trago en un pub cercano y nos fuimos a la casa a hacer el amor hasta que viéramos amanecer por la ventana.

Lo de no estar contigo hoy es importante, pero es lo de menos.

 

Lo peor va a ser estar ocho años en prisión sin poder hacértelo hasta el amanecer.

 

EL MÉDICO FUMADOR

Los únicos médicos en los que confío son aquellos que fuman delante de sus pacientes con descaro. El doctor Ayuso cumplía esa característica y sabía de leucemia más que todas las páginas web sobre el tema.

Como todas las personas, menos los hipocondríacos y los que ven realities shows, siempre he confiado en mi salud y en su eterna duración. Por eso, cada vez que tengo que acudir al médico me entra pavor e inseguridad. La sugestión se apodera de mí y soy fácil de engañar.

 

No sé si estuvo sincero cuando dijo que mi hijo se curaría del cáncer

 

 

SOLEDAD

Una de las ventajas de la soledad es que te enseña a escrutar detalles ajenos cuando uno se encuentra con humanos desconocidos para saber a qué te atienes.

Hay gente que deposita su fe en números, formas de fumar o maneras de andar. Yo la deposito en cómo escriben las letras “e” y “a”.

Hace mucho tiempo que no disfruto con la grafía de nadie, ya sea porque solo recibo emails o porque vivo fuera de la ciudad y no hay envíos de correos.

 

Debería irme a la ciudad para no estar solo y cambiar de código postal y cartera.

 

100 PALABRAS (VII)

Escrito por anonimopalomo 09-12-2010 en General. Comentarios (1)

LOS TRES

Desde el balcón los veo pasar, todos los días, más o menos a la misma hora. Mientras tomo mi pan amb tomaquet con café, pasan los tres, dos primero y otro después.

Van a toda prisa, peinándose y dándose los últimos retoques estéticos por mitad de la calle. Si están retrasados, que siempre están, el último irá comiendo alguna bollería industrial y preguntando el destino del trayecto.

Atraviesan tres cuadras de la avenida  y giran a la derecha. Siempre persiguiendo algo, siempre con prisas. Me intriga saber adónde irán.

 

Él la persigue a ella y ella sigue al conejito blanco.

 

IDEÓLOGOS

No es culpa de nadie,  el sistema es así, todo tiene subidas y bajadas (dicen ellos).

Después de la inversión y crecimiento inicial, habían bajado las ventas, es cierto.

Lo curioso es que el número de consumidores era el mismo.

Poco a poco, con publicistas  y contables como ideólogos, la empresa donde trabajé comenzó a estandarizar el producto para abarcar mayor población. También se empezó a usar máquinas altamente cualificadas y a despedirse al personal

La fábrica, el martes, declaró su bancarrota y dejó sin laburo a mucha gente, yo incluido.

 

La última fábrica de sueños europea acababa de cerrar.

 

GRIETA

Así era, escurridizo. Nunca mostraba más de lo necesitábamos ver. Normal es que algún correveidile intentara buscar y encontrar grietas en la superficie y que, si las encontraba, fuera capaz de profundizar hasta deshacerlo en mil pedazos. Así lo prefería él.

Es verdad que su color azul increíble eclipsaba en la primera impresión, pero, con el tiempo, te habitúas.

Sin embargo, siempre hay alguna tortuga o algún pingüino que tienen la carambola de acertar y penetrar por la grieta… y ver más allá de lo que se intuye a nivel del mar.

 

Qué grato pasear dentro de un iceberg humano  

100 PALABRAS (VI)

Escrito por anonimopalomo 09-12-2010 en General. Comentarios (0)

LA HIJA DE DIOS

La cosa iba a pedir de boca. Esta vez no habría errores.

Dios lo había previsto todo bien. Su primera hija ya estaba preparada para bajar a la tierra y salvarnos del infierno.

Tenía pensadas las nuevas parábolas, los milagros estaban bien protegidos dentro de sus tupperware y, gracias a la ciencia, tendría células madre regeneradoras de los agujeros de manos y pies en caso de crucifixión.

Ya se había despedido de los amigos, familiares y apóstoles. Solo esperaba la hora de partir el viernes.

 

Qué lástima que la huelga de controladores aéreos nos dejara sin el perdón celestial eterno

 

TRAS SALIR A COMER

Me despega, me coge y me mete en su boca. Mastica a un ritmo al que no acabo de acostumbrarme y no por falta de experiencia. Repite esto conmigo cada vez que vuelve al trabajo tras salir a comer.

Yo cada vez estoy más insípido y más duro cuando me deja ahí pegado. Quizá antes de comer se coma otro que no soy yo, aunque me hubiera percatado. He empezado a ser algo similar a un ritual terapeútico.

Entonces, la joven empresaria llega y despega el chicle de debajo de la mesa y lo mastica.

 

Necesita su dosis de nicotina.

 

 

PROTAGONISTAS

Después de esperar, sonó la banda municipal y el público mostró sus respetos con un silencio empático pero no por ello incómodo.

El espectáculo ha recorrido ya las provincias y pueblos de la nación. Hoy es el estreno con teloneros en la capital.

Uno de los protagonistas se coloca la coleta, escupe al suelo y se planta de rodillas en mitad del escenario al inicio de su monólogo. En su interior, espera ansioso el veredicto popular sobre su actuación a sabiendas de estar ante la última oportunidad para triunfar.

 

Cuando salió el otro protagonista corriendo, empitonó al torero sin compasión.

KRUSTY

Escrito por anonimopalomo 07-12-2010 en General. Comentarios (0)

Siguiendo mi instinto de plagiar ideas que los demás dicen...Loren, no son 1000 palabras, pero casi. Solo falta una. Sabes cual es.

 

KRUSTY

Tenía el pelo rizado como a poca gente he visto. Los compañeros de la escuela de ingeniería le llamaban Krusty.

 

Además de por su volumen y su rulo perfecto, el tipo era curioso de por sí. Ojos pequeños y cambiantes de color según el día, bigotillo al estilo mexicano pero sin barba, manos trabajadas a hierro y fuego y dos pasaportes.

Era un personaje normal, que intentaba no llamar la atención de policías ni delincuentes aunque pocas veces lo conseguía.

No montaba fiestas en su casa para no molestar a los vecinos y sólo insultaba y hablaba en vano cuando la paciencia indicaba el game over.

Tuvo una novia después de algún tiempo, paseaban de la mano juntos y le preparaba viajes únicos a sitios donde su padre le había llevado de chico. No hablaba mucho de ella salvo cuando se sentía borracho y solo. Pocos datos más son necesarios, lector, quizá su habilidad para pintar tías desnudas en mecheros con témperas o que sabía guardar secretos, infidelidades y errores podrán clarificar algún constructo más de su personalidad.  

 

Cuando lo conocí no sabía tanto de él, obviamente. Lo ví por primera vez escuchando a Johnny Cash mientras arreglaba su quads en la puerta de su casa. No pensé en ningún instante en encontrarme ante un tipo así.

Me recordaba al monaguillo con gafas que roba la plata del cestillo o a ese niño que sabes que está metido en algo que nunca se puede demostrar. Para ser concretos, me recordó al niño que me espió desde unos matorrales cuando besé por primera vez y que, cuando se lo pregunté, me mintió.

 

Con el tiempo transcurrido, nos hicimos amigos. Aquella noche nos lo contamos todo como pequeñas niñas repelentes que son capaces de fingir una violación con tal de tener toda la atención que ellas creen necesitar. Nos bebimos tantas botellas de vino como había en la bodega del hotel más caro que pudimos.

Yo le conté los secretos que aprendí de cuando trabajé en prisión con violadores para conseguir que la felación de una mujer durara más tiempo del que ella misma quisiera y él me contaba técnicas para dilatar y lubricar los orificios sexuales durante más tiempo de sus tiempos de filmador de películas porno.

Todo esa noche fue un intercambio. Yo compraba los cigarros y él los vinos. Él elegía cama para dormir, yo escogía el mejor almohadón.

 

Viajamos juntos durante mucho tiempo antes de esa noche. Yo creía que habíamos hablado de todo lo que se puede hablar con una persona de otro país que conoces de, escasamente, tres meses y medio.

Me contaba historias inadecuadas para alguien tan joven, utilizaba frases hechas de grandes motoristas para recordar los significados repetitivos de la vida y cocinaba todo con mucho queso francés. Era respetuoso, repito, y solo gritaba cuando se enfadaba mucho y, honestamente, solo lo ví así cuando me habló de sus compañeros de casa.

 

La verdad es que ellos también eran pintorescos. Era una pareja de 22 años con un hijo y, siendo mis prejuicios los únicos datos que aporto para la próxima afirmación, con los roles definidos hasta el extremo. La sumisión dentro de una pareja aparece antes o después, pero en ese caso era lo primero que te llamaba la atención.

Uno de ellos estaba obsesionado con la idea del cambio de sexo. No lo quería para sí mismo decía, aunque siempre dude de ello. Trabajaba en una ONG de travestis y contaba anécdotas, de cuando no tenía pareja, que saltaban los colores y regaban la sobremesa de degeneración y lujuria. El otro de la relación era una persona lineal, previsible, aparentemente estable, consumidora de gimnasios y pastillas para deportistas, con poca tolerancia a la frustración y escasa creatividad. Entre nosotros, lector, un comemierdas, en una palabra.

 

Me empezó a explicar porque se fue a vivir con ellos y lo equivocado que estaba con esa decisión.

Los primeros problemas fueron cuando les cogió un poco de pan sin pedirles permiso. Ahí entendí porque todos los días me encontraba a Krusty antes de yo llegar a la escuela de periodismo bajando con un pijama de Krusty  el Payaso (por eso lo del apodo en la universidad) a por café y pan para desayunar.

Se fue liando y se fue liando a soltar todos los sentimientos de rencor y de indignación que había reprimido y que sólo podía desahogar cuando manejaba a más de 180 km/h.

La verdad es que pensé que se le escapó, ya que, de primeras, fue un error enorme contarme su plan para matar a sus compañeros y el porqué.

Me dijo que me lo contaba porque se lo había planteado a su novia, una farmacéutica que vivía cerca del mejor restaurante de comida rápida de la ciudad, y que ésta había creído que era una broma, y por eso nunca más se lo comentó.

 

Su plan era matarlos de noche, primero a uno y luego al otro. El niño tendría que llevármelo yo de la casa y darlo en adopción a un cura con el que Krusty ya había concretado la cita. Según me lo contaba, comencé a visualizarlo con una tímida nitidez.

Llegábamos de vuelta a nuestra ciudad el 27 de diciembre por la noche, un día antes de lo estimado por nosotros a la salida del viaje, dejaríamos las cosas en mi casa. Después iríamos a su casa, yo me llevaría al niño a la puerta de la iglesia y él los mataría. El párroco estaría esperándome y yo tendría mi recompensa de un millón de pesos por ayudarle.

 

Lo que siempre me extrañó fue la presencia del cura entre tanto plan sanguinario, así que pregunté directamente porque debía entregárselo a esa persona.

Sirvió la última copa de vino antes de dormir y me lo explicó.

 

Él no podía soportar que le hubieran roto el quads a conciencia esa pareja de hijos de puta.

Y el cura no podía soportar ver la educación que estaba recibiendo su nieto.

 

100 PALABRAS (V)

Escrito por anonimopalomo 07-12-2010 en General. Comentarios (0)

INTRAVENOSA

Fue traumático al principio, porque no reconocerlo.

Me sentaron en una silla eléctrica,  pusieron electrodos por mi cabeza recién afeitada,

me amarraron con cuero los tobillos y las muñecas. Golpearon mis venas del antebrazo,

comprobaron que la jeringa tenía la dosis necesaria para conseguir el objetivo. Me lo inyectaron y esperaron que hiciera efecto para dejarme libre.

Después, empecé a notar como algo se movía dentro de mí, como un pequeño animal se me deslizaba del brazo al corazón y, de ahí, al estómago.

 

Luego supe que el revoloteo en la tripa por amor era causado por una mosca intravenosa.

 

 

LO QUE VARÍA

Me despierto, me ducho, lavo mis dientes, tomo el desayuno con la prensa digital y escuchando el programa de radio de mi padre.

Salgo a la calle, compro tabaco, voy a la universidad, coqueteo con una mujer, tomo una birra con algún conocido, agarro el autobús. Miro el alumbrado navideño, contesto sms insulsos, imagino lo que dirías sobre la anécdota del tanatorio que me ha contado Damián, cojo el carril, saco dinero del banco, tomo otra copa y me vuelves a matar.

Así son todos los días.

 

Lo único que varía es cómo muero y dónde resucito al día siguiente

 

 

EL JUEGO DE LOS BARCOS

Pocos juegos hay tan divertidos y tan estimulantes como el de los barcos.

Ya saben, cuatro barcos de uno, tres de dos, dos de tres y uno de cuatro.

En el calabozo militar fue donde realmente demostré mi sabiduría en este arte guerrillero, mis silencios de póker y mis órdagos a sabiendas del resultado victorioso.

Cuando jugaba por diversión, a veces al contrario le daba pistas. Cuando era un campeonato, jamás cedí un ápice y, por supuesto, nunca les daba pista alguna.

 

Tenía que haber demostrado antes de que el ejército tomara la torre de control mi técnica para jugar